Rueda a trompicones en la bajada, se derrumba en la cuesta y cae en la llanura
ROBERTO GIUSTI | EL UNIVERSAL
El dicho, en esta ocasión, le viene como anillo al dedo: "no es capaz de masticar chicle y correr a la vez". Solo que en esta oportunidad no se trataba de correr, no al menos sobre los pies, sino sobre ruedas. Tampoco era cuestión de masticar chicle, sino de saludar y al mismo tiempo transmitir la impresión de juventud, vigor, equilibrio, velocidad y poderío en la conducción de esta bicicleta espichada llamada Venezuela. Pero todo se fue al traste en un segundo y el hombre, a pesar de sus años de experiencia en materia de conducción de colectivos, léase buses, se fue de platanazo al equivocar un volantazo por estar mirando hacia el infinito, valga decir, a los apartamentos de los edificios circundantes y saludar a la nada, agitando la mano izquierda con regio movimiento de cámara lenta, que lo aclamaba, no sin cierta preocupación por el equilibrio precario de su ejercicio pedalístico, desde los desiertos balcones del centro caraqueño. Lea el Artículo Completo AQUI ...
