Alexander Cambero / El Nacional
Nicolás Maduro destruyó al país y busca ponerse a salvo. El océano de sus contradicciones hace que su barcaza se agite. Su soledad política es similar a los imaginarios fantasmas medievales de escudos de hierro. Solo frente al desiderátum de un futuro sin destino. Un mar que irrumpe con violencia castiga su debilitado salvavidas; son apenas escuetos troncos de ideas a punto de venirse a pique. Van quedando sumergidos los sueños de alcanzar la orilla del progreso, le resultó grande el reto de comandar un país. Ya Cuba no será la misma posibilidad de contar con un seguro para cuando todo acabe. China está muy lejos y los demás lo ven como un estrafalario personaje de historietas bufas; un mediocre hombrecillo de puntiagudas orejas rojas y cerebro carcomido por la vacuidad. La noche se asoma en la profundidad del infinito azul. Su balsa no sabe sortear el ímpetu de las olas. La crisis profunda es la espada que pende sobre su cabeza. Para el comunismo cubano siempre ha sido incómodo sostener al chavismo en el poder. Son descerebrados que no tienen la menor idea de cómo manejar las situaciones. Siempre Fidel o Raúl para indicarles la estrategia a seguir. El papel de títeres con dinero los bosqueja con precisión. CLIC AQUI para seguir leyendo...
Recibe nuestras actualizaciones por E-Mail. SUSCRÍBETE GRATIS AQUI
| Twittear |
|

