ANGEL OROPEZA | EL UNIVERSAL
Partamos cuanto antes de 2 premisas. En primer lugar, todo "cidio" –ese sufijo que entra en la formación de palabras con el significado de "muerte", "destrucción" o "exterminio"– es de suyo malo. Esto lo decimos de arrancada no sólo por convicción personal, sino por si acaso alguno de nuestros burócratas de piel sensible y cerebro escaso decide llevarme a juicio por haber mencionado en el título la palabra "magnicidio", la cual dicha por cualquiera que no ejerza cargos en el gobierno, convierte automáticamente a quien la pronuncie en cómplice, terrorista, mal nacido y cuanto epíteto despreciable se encuentre registrado en los manuales de la contrainsurgencia cubana. Lea el Artículo Completo AQUI ...
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