La protesta sigue y brota hasta del último salón de belleza de este país
ROBERTO GIUSTI | EL UNIVERSAL
Que la gente proteste por la escasez de alimentos y medicinas no sólo es comprensible sino necesario porque si no lo hiciera estaríamos peor de lo que estamos. Al fin y al cabo se trata de productos esenciales sin los cuales no podríamos vivir o nuestra existencia se convertiría, como ya ocurre, en triste y resignada lucha por la sobrevivencia. Pero nadie se imagina, todavía, una cola para comprar seis latas de cerveza, una rebatiña de doñitas peleándose por un frasquito de acetona en el salón de belleza o una estampida de adolescentes por la llegada, a los desguarnecidos almacenes estatales, (la Proveeduría Comunal Kim Il Sung), de un lote de blue jeans chinos. Lea el Artículo Completo AQUI ...
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