Fausto Masó / El Nacional
Al suponer que al convertir los Carnavales en una semana sin trabajo desaparecerían las protestas, el gobierno reflejó una triste opinión sobre el pueblo, lo supuso horriblemente frívolo. Los estudiantes siguieron en la calle, no se fueron a la playa. Faltaron también demasiados aliados a los actos conmemorativos del primer año de la muerte de Hugo Chávez; en vez de Cristina vino el vicepresidente, una figura en entredicho en Argentina, acusado de corrupción y que intentaba pasar inadvertido, nunca aplaudía, se colocaba en un segundo plano. Tampoco asistió Correa, un reconocimiento de la impopularidad de Maduro en Ecuador. En Chile la coalición que apoya a la nueva presidenta Bachelet se ha resquebrajado por el caso venezolano, los socialcristianos condenan a Maduro y los socialistas lo apoyan. Maduro se convirtió para la izquierda latinoamericana en un impresentable. El grueso de los asistentes a los actos del miércoles provenía del Caribe, cumplían con su deber con Petrocaribe. Hubo otro ausente, el propio Chávez, el encantador de serpientes, el espectáculo viviente, a quien nadie discute hoy su habilidad para dominar a los suyos y acosar a sus enemigos. Chávez dejó un legado que Maduro intenta modificar y que ha provocado una rebelión de parte de la población. Se sabe cómo empieza una guerra, nunca cómo termina, y Maduro está enfrascado en una contraparte del país, los estudiantes. Lea Más Detalles AQUI ...
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